No obstante, la consistencia de nuestra visión y nuestras acciones se encuentra determinada por la forma de comprender el mundo al cual pertenecemos. Por analizar con claridad, fenómenos que son evidentes. La actual sociedad del siglo XXI, globalizada, la sociedad de masas, exige que la política democrática se legitime mediante el derecho a la participación de la y el ciudadano. Así una masificación profunda de la JSCH y PSCH, en su quehacer diario y sus estructuras de orden interno son un imperativo ante la legitimidad social que perdemos día a día.

El PSCH tiene la posibilidad cierta de captar adherentes, fortaleciendo su legitimidad y su poder, atreviéndose a transformarse, en la práctica cotidiana y en sus procesos, en un partido de mayorías (es decir, concretamente, en un partido de mayoría absoluta). Para ello, es indispensable que el PSCH flexibilice su estructura, haciendo de sus procesos de participación interna, espacios abiertos, sin compromisos formales. “La interna” del partido, debe ser su lugar de legitimación social.
Los procesos internos deben ser al estilo de las primarias de la concertación, un espacio de participación libre del ciudadano que no pertenece a otro partido. Que todo aquel ciudadano no afiliado a otro partido que no sea el PSCH, tenga el derecho a votar y participar en las elecciones internas de nuestro partido. ¿Cómo una persona sin ser militante o afiliada, no va a identificarse con mayor compromiso y lealtad a una tienda política, si ha votado, participado y contribuido a elegir un representante de un determinado partido? Creer lo contrario, es no tener confianza en la sinceridad de los actos de la gente. Sin duda, una contradicción tremenda para un partido que funda su acción en la gente y por la gente.
Con esto habrá un cambio, existirá una radical diferencia ante la sociedad. Hay más legitimidad cuando hay más participación, y este principio, ha sido fundamento de los socialistas tanto hoy como durante el transcurso de su historia.
LA PROPUESTAPor ello, debemos abrir nuestra estructura. La JS debe ser más que dialogante. Debe contener directamente la voluntad de muchos jóvenes socialistas, de izquierda y progresistas. Las elecciones internas de la JS deben abrirse. No sólo los militantes deben tener el derecho a elegir los dirigentes de la JS. Todos los jóvenes con la edad que nuestros estatutos establecen (entre 14 y 28 años), no inscritos en otro partido, deben tener derecho a sufragar y participar en la JS. Es decir, hay que construir una JS sólida, del pueblo, de la gente. No creo en la frase que muchos socialistas enarbolan: “…Pocos pero buenos…”. Perdón, ¿quiénes son los buenos? Hay que dejar de mirarse el ombligo. Esto es un desafío colectivo por lo que debemos ser infinitamente muchos, preparados y organizados.
Abrir nuestras internas a los jóvenes que sienten cercanía al socialismo y a la JS, es decirle a todos: “Estamos mucho más que sólo vivos. Estamos vivos y transformando el país. Nos hacemos cargo del desafío y la tarea de construir un mundo que con justicia, igualdad y dignidad alcance para todos; con coherencia, consecuencia y claridad en el rol político que a la Juventud Socialista de Chile le corresponde y aceptamos asumir siendo gobierno u oposición”.
Abrir nuestras internas significa que, en vez de tener un universo de 1500 votantes en las internas de la JS, podríamos ser 10.000 y quizás más de 15.000. Es decir, seríamos casi 10 veces más lo que hoy somos. ¿No es diferente tener dirigentes electos con un respaldo de 10.000 personas a otros electos por 1500? ¿Puede alguien refutar que seríamos una juventud con respaldo y peso electoral, político y social brutalmente superior? Ciertamente, un salto gigante.
Muchos ya no tendrían que “pedigüenar” espacio juvenil en el PS. Con esa transformación ya lo tendrían ganado, sólo quedaría actuar. Participar en el PS no sería más un esfuerzo individual, sería un logro colectivo e institucional.
Sí en el PS votan 20.000 aproximadamente personas y en la JS, votaran 10.000 o tal vez 15.000, significaría ser casi el 50% del PS. No menor cifra, por decir lo menos. Seríamos actores políticos lo cual nos forzaría ser más rigurosos en nuestra acción. ¡Ya no representaríamos 1500 sino 15.000! Y posiblemente, el PS se vería forzado a hacer lo mismo en virtud de contrapesar nuestro crecimiento.
Si así fuera, estaríamos ante un enorme y positivo cambio que podría revitalizar la fuerza del PS. Pero, no hay que caer en la ficción. Lo importante es atreverse y tener “cojones” para revolucionar nuestro funcionamiento. El congreso de junio, es la instancia, es la oportunidad para conducir e impulsar transformaciones que nos permitan avanzar rápido y fuerte porque la crudeza de la pobreza y la desigualdad no esperarán que llegue “El Elegido” para hacerse más dramática y dura.